GALAYOS
15-17 JUNIO 2012
Como muchos montañeros, hace tiempo
decidí, casi sin pensarlo, afrontar nuevos retos en la montaña. Lo tomé
inconscientemente como algo normal, dar un paso más en mi progresión. Empecé
algún día yendo al rocódromo para quitarme ese miedo a las alturas, a las
verticalidades y a coger confianza en los artilugios de escalada: arnés,
cuerda, anclajes… También comencé a informarme sobre todas las técnicas de
escalada, con algún manual, libros, videos y piadas en internet…además de los cursos
que hice en invierno, que se pueden aplicar también a la escalada. Empecé a
hacer nudos, a tenerlos memorizados para que salieran sin pensar, ya que en
determinados momentos, expuesto a tensión, hacer un nudo bien o mal, puede ser
la diferencia entre salir airoso o meterte en un marrón, y esperando que solo se quede en marrón y no
termine en accidente. También practique las técnicas de rapel en los
alrededores de casa, primero en pequeños terraplenes inclinados y luego alguno
algo mayor para coger confianza, saber si va mejor tal o cual descendedor, tal
o cual nudo de autoseguro… Empecé también a montar reuniones, equilibrarlas e
intentar ver cuál sería la dirección de una posible caída, para direccionar el
mosquetón central de la reunión. Se trata de aplicar sentido común y sobre todo
practicar, practicar y practicar, para tener las cosas claras y automatizadas.
Así un día me lancé a la roca, unas
placas de IV en la zona del Rompeolas, al lado del Yelmo, cumbre mítica de la
Pedriza. Ese día miraba no sin temor, las cordadas que se sostenían en ese
aéreo ambiente de la pared sur del Yelmo. Yo, con miedo estaba al lado, en esa
placa plagada de parabolts y dispuesto a continuar mi aprendizaje. Esta placa
de deportiva, era más de lo mismo que en rocódromo, pero con las presas
naturales, es decir, pequeños garbanzos, regletas, fisurillas y sobre todo
fiarte de los pies de gatos en los pasos de adherencia. Esto último es lo que
más cuesta, ya que piensas que te vas a ir para abajo irremediablemente, pero los
gatos, bien posicionados aguantan bien ese minúscula fricción con la roca y
eres capaz de sostenerte. Ese día fue algo importante para mí, quizás me vi
demasiado novato, pero bueno, lo importante fue dar esos primeros pasos.
Llegaron otros días de escalada
deportiva, alguna placa más y algún día más en el rocódromo, pero siempre algo
esporádico y discontinuo. Demasiado poco, para como es costumbre en mí, ir paso
a paso. De repente un día, me salte al menos diez o veinte pasos de golpe,
cuando me dijo Jesus de hacer la “Hermosilla” al Yelmo… el Yelmo… ese gigante
de roca, esas placas lisas… mis temores me acechaban, pero mis ganas y espíritu
de superación, fueron más fuertes. Así que poco más allá de las 9 de la mañana
estábamos bajo el Gendarme de los Hijinios para comenzar la vía. Comenzamos por
un diedro, que abrió Jesús que ya conocía la vía. Yo me vi muy flojo de brazos…
me dije que tendría que entrenarlos si quería hacer escalada porque con cuatro
agarres me vine abajo. Yendo de segundo, pues lo saque, pero en esos instantes
solo venía a mi cabeza pensamientos del tipo… “¿dónde me he metido?”.
El
segundo largo que se supone que era más complicado, me salió bastante bien, con
lo que me dio moral y abrí el tercero, fácil III+, pero expuesto…muy expuesto,
una placa lisa con una chapa a mitad del largo y ya hasta la reunión. Lo pasé...
“bien Javi”…”va bien la cosa”… me dije.
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Despues de los nervios de la placa sin seguros |
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En el cuarto largo |
Siguió Jesús y abrió los dos largos
siguientes, el primero bien, el segundo con algún raspón en el paso de V+.
Pasado este tramo más complicado, continúe por una placa fácil y… ¡¡cumbre!!… ¡¡había
escalado el Yelmo!!
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Mi primera cima de "verdad" en el Yelmo |
Me parecía increíble, estaba alucinando, ya no por la cima,
sino por descubrir que podía meterme a empresas de mayor nivel técnico, aunque
eso sí… tenía que entrenar los brazos y en general los posicionamientos mucho
más.
Las siguientes semanas me empecé a
pasar por el rocódromo al menos una vez por semana, aunque como iba solo, pues
me quedaba haciendo travesías por abajo. Un día engañe a Rober y ya llevamos
varias semanas haciendo algunas vías. Con este trabajo, al menos voy cogiendo
fuerzas de tracción y bloqueo en los brazos, la parte más débil de mi
musculatura. También estuve otro día, escalando en Peña Blanca, una peña muy
chula… y más de lo mismo, viendo que mi grado máximo ahora mismo es V en
clásica y según que V claro.
Llegando a Peña Blanca |
En deportiva puedo apurar un poco más. Me gustó
mucho Peña Blanca, fue gratificante hacer varios largos, la via que hicimos fue la Herreros con el diedro final de la Lucas, con un primer largo facil de IV, luego un rapel pendular,
algo raro, y el diedro final de V+/6a, donde más que escalarlo, me restregué.
Rapel pendular del 2º largo de la Herreros |
Chus peleando el diedro de la Lucas |
Para terminar
nos hicimos un rapel de 25m muy chulo, superando esos vértigos pasados.
Con todas estas escaladas, es decir,
saltándome otros cuantos pasos de aprendizaje, nos plantamos a escalar en
clásica a los GALAYOS, si en mayúsculas, porque el sitio lo requiere y merece.
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En plan friqui al salir para Galayos |
Tras
varias semanas debatiendo donde íbamos, y dudando en si hacer algún tresmil
(Balaitus tenía muchas papeletas) o darle a la escalada en Pirineos (la
“Esminu” a la Peña Ezkaurre), pues nos decidimos ir a Galayos porque el tiempo
iba a estar mejor. Las vías que llevamos preparadas para hacer eran la
“Rivas-Acuña” de la Pta. MªLuisa, la “sur de la apretura” del Pequeño Galayo, y
como plato fuerte la “sur clásica” al Torreón.
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Mirada al Galayar... ay que miedo!! |
La aproximación como siempre que he
ido a Galayos, es dura, sales desde Nogal del Barranco, un poquito encima del
precioso pueblo de Guisando, de calles estrechas y casas encaladas con
balconadas de madera. La primera visión que se tiene desde el mismo
aparcamiento es un resumen de lo que te vas a encontrar: cabras (animales y
humanas) sobre rocas. Empieza el camino con losas de piedra, signos de los
viejos paseantes y escaladores que estaban por aquí. Continuamos la subida
tranquilamente aunque las pulsaciones enseguida subían por la dureza del
trazado. Al cruzar el arroyo, decidimos ir por las zetas en vez de la apretura,
ya que este “camino” es peor para ir con mochilón. Avistamos las primeras
agujas de Galayos, la espectacular visera de la Peña del Águila y enseguida se
distinguen las grandes agujas: Aguja Negra, Amezúa, Pta. Maria Luisa, Pequeño y
Gran Galayo y como no el Torreón, insignia del Galayar y como anécdota, pico
que se eligió como icono para el logotipo de la Federación española de escalada
y montaña.
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Principales agujas del Galayar (foto de subida anterior a la Mira) |
Llegamos sin más al Refugio Victory tras dos horas y media de
intensa subida. Las vistas desde la pequeña plataforma del refugio son
sobrecogedoras… agujas y más agujas a la vista, todas llenas de vías de
escalada, de vías míticas abiertas por cordadas desde los años 40-50 con
materiales muy pobres y sobre todo con gran valor. Pronto anocheció y cenamos
unos macarrones alatriste, como dice Jesús. Un poco de charla y al saco para
pasar una noche más o menos tranquila, ni calor ni frio…bien.
Amanecimos descansados…un
zumito…barritas…chocolate… y listos!! La
empresa que teníamos por delante era de las de órdago sobre todo para no haber
hecho mucha escalada clásica. La intención era hacer la Punta MªLuisa por la vía Rivas-Acuña. Así que desde el refugio descendimos por la Apretura unos
10-15’ y llegamos al pie de vía. Más o menos estaba por ahí pero luego nos
dimos cuenta que era algo más a la izda. o a la derecha y nosotros fuimos por
el medio hasta la primera reunión. Eran placas y pequeños resaltes fáciles como
mucho de IV+ que abrí yo para empezar. Justo antes de la primera reunión,
llegue a un destrepe un poco delicado pero bueno con paciencia y un poco de
valor, lo hice más o menos bien, lo único que corrían las cuerda muy mal. Así
llegó Jesús y porque le cogí sino se da un buen
golpe en el destrepe. Llego Chus y ya nos cambiamos la posición, cogió
Chus la cabeza, el siguiente largo era de IV-V según la reseña que miráramos.
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Llegando a la 2ª reunión |
Salías por una placa con un par de clavos y luego te metías a la derecha donde
había una plataforma y cogías a izdas una pequeña canal hasta llegar a la
segunda reunión en un gran puente de roca, una laja despegada de la pared. A
partir de aquí se supone que la cosa se ponía más seria… un paso de “decisión” y un muro de V.
Abrió Jesús y
tras el “paso” que no era tan difícil como parecía, llego al muro de V con un
par de clavos donde voló un par de veces hasta que consiguió sacar el largo. Yo
de segundo se me fue un pie también, pero bueno sensaciones que se puede sacar
aunque de primero se pasa miedo. Llegamos a la cuarta reunión, un lazo sobre un
gran bloque de roca.
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Saliendo del espolón para llegar a cima |
El siguiente largo se salía por una pequeña placa hacia
una gran roca que se podía pasar por izda. o derecha y luego podías meterte a
una estrecha chimenea o dar los últimos pasos por el espolón…bastante aéreo… y
cima!! Un montón de lazos sobre un cuerno de roca era el signo de la cima,
había una repisa bastante cómoda para hacer fotos, disfrutar de las vistas… y
ya ver el siguiente paso para bajar de allí.
Se supone que se podía destrepar
pero no vimos por donde, así que montamos un pequeño rapel hasta una brechita
unos 10m más abajo. Aquí llego el primer momentazo, yo di cuerda solo esos
10-12m y ¡error! No hice nudo al final. Yo rapele bien y subí hacia las rocas
para ir a otra canal destrepando a buscar el rapel grande. Pero llego Jesus y
rapelo pero bajo un poco más con lo que casi se sale la cuerda… uff! Menos mal
que le avise a tiempo. Así que después de este susto, destrepamos un poco más y
llegamos a otra brecha desde donde se divisaba el rapelazo que teníamos a la cara
del refugio. También se podía rapelar hacía el lado de la Aguja Negra pero
parecía más sucio. De repente otro momentazo!!, se escucho un ruido grande
sordo de un desprendimiento… alguien había ido para abajo en la Aguja Negra que
teníamos en frente, se empezaron a escuchar gente diciendo “estais bien” y
parece que al final se piro el primero y se llevo una piedra para abajo, con
suerte se paro en la repisa de la reunión donde estaba el segundo y no fue a
mayores “solo” un tobillo roto nos enteramos después. Así que si ya teníamos
ese gusanillo por el rapel que teníamos que hacer pues un poco de sal y
pimienta para condimentarlo.
Por fin nos centramos y destrepamos hasta llegar
al rapel…un destrepe delicado, delicado pero conseguimos llegar enteros a las
dos argollas con cadena. Tragamos saliva ante lo que se nos avecinaba…70 m de
rapel… el refugio se veía muy, muy abajo… al lío… preparamos las cuerdas y
fuimos descendiendo. Yo al principio iba un poco tenso luego fui bajando mejor.
Llegamos a suelo y decidimos comer algo ya que eran casi las 3 de la tarde. Retornamos
al refugio y comimos.
Con la barriga llena y algo de
pereza dijimos que hacer… debía ser algo suave y cercano porque si no se nos
echaría la noche encima. Así que fuimos a por el Pequeño Galayo por la Sur de
la Apretura, en principio tres-cuatro largos con poca dificultad. III y IV con
el último V+ que se podía evitar. Así que allá nos fuimos, en 5 minutos
estábamos en el pie de vía. Se empezaba por un diedro bien visible de IV-IV+ y
ya se iba con tendencia a la izda hasta la reunión. Luego el segundo largo te
metías a una especie de chimenea
agobiante entre una gran piedra y salías a un canal hasta llegar a una repisa cómoda
y ancha donde se veía el Refugio Victory una vez más. Desde aquí subimos por un
canal fácil III+-IV hasta una antecima desde donde ya bajaríamos o se podía
hacer el último largo por una fisura en baravesa (V+), bastante duro. Yo me lo
salte. Jesús y Chus si lo hicieron.
En el paso de V+ del último largo opcional |
Ya veía yo que tenía un poco la rodilla
tocada y la verdad es que me vi algo sobrepasado en algún paso… con quizás poca
experiencia. Pero bueno así se coge. Fuimos al refugio a meternos la merecida
cena después de un día entero de escalada. Dormimos bien, aunque algo peor el
emplazamiento que el día anterior.
A la mañana siguiente, nos
levantamos con algo de pereza y dudas… Galayos era Galayos… sus grados eran más
altos que los teóricos que decían las guías y la previsión de hacer el Torreón
por la sur nos venía quizá grande.
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Las manos como iban desgantandose |
Así que yo les anime a que lo hicieran ya
que me veía con ganas pero flojo y tb tocado de la rodilla. Entre unas y otras
cosas, al final se metieron en la GAME de la Aguja Tonino Re.
En la entrada de la GAME |
Una vía y una
aguja algo desconocidas pero la verdad es que daban mucho juego. 5 largos con
dificultad máxima de V-V+ en los dos últimos, yo me retire antes de empezar y
les dije a los dos que iría a hacer fotos desde donde pudiera sacar buenas
perspectivas de la Aguja.
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Chus en la ultima placa...aérea? |
Así lo hice y me subí por donde bajamos del Pequeño
Galayo desde donde les vi prácticamente toda la ascensión sacando buenas
fotos…pena de no tener la cámara buena para darle al zoom.
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En la cima de la Aguja Tonino Re...envidia!! |
Tras varias horas y según
me contaron otro marrón (se le engancho la cuerda al tirar de ella una vez
habían rapelado), llegaron a pie de vía con ganas, ilusión… y cansados... pero
sarna con gusto no pica.
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Vista del Torreón y de la Tonino Re |
Con todo esto entre pecho y espalda bajamos ya hasta
el Nogal del Barranco donde nos tomamos la reparadora jarraca de cerveza.
Después de hacer esta machada para
mí, vino la parte de sacar conclusiones, y no fue otra sino que debía hacer más
deportiva y por qué no apuntarme a un roco para coger fuerza y técnica de
movimientos… para llegar a ciertos pasos y hacerlos disfrutando y no pasando
miserias de segundo…. Y eso es lo que hice.
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